Comienza el curso: España alcanza la mayor población escolar en tres décadas por el aumento de alumnos en infantil y FP | Educación

La vuelta al cole ha comenzado este miércoles en Cataluña y Madrid y se completará en los próximos días (principalmente, el lunes que viene) en el resto de territorios. La ilusión de empezar un nuevo curso y reencontrarse con sus amigas ha impedido pegar ojo en toda la noche a Erika, alumna de cuarto de primaria en el colegio público Dionisio Ridruejo, en Madrid. “Me he levantado cuatro veces esta noche, estaba nerviosísima”, comenta con ímpetu. Su amiga Ana, que se ha unido a la fila para entrar en clase unos minutos más tarde, comparte diagnóstico: “Yo ayer no me podía dormir”.

Las dos niñas forman parte del, a pesar de la continua caída de la natalidad en los últimos años, mayor contingente escolar que ha tenido España en más de tres décadas. A fecha del pasado mes de junio (los datos de este curso no se conocerán con exactitud hasta dentro de bastantes meses), el número total de alumnado en enseñanzas de régimen general, las que van de infantil al bachillerato y la formación profesional, ascendió a 8.309.480, el más alto desde el curso 1990-1991 (cuando fue de 8.378.935). Ello se debe, además de al aumento de los nacimientos entre 1998 y 2008 y a la incorporación de estudiantes extranjeros, situada en niveles récord, a la creciente conciencia social sobre la importancia de los estudios y a los planes públicos, sobre todo del Ministerio de Educación, para expandir el número de plazas. Un cóctel que ha hecho crecer mucho en pocos años la matriculación en las etapas no obligatorias, un terreno en el que España estaba retrasada respecto al conjunto de los países desarrollados.

Primer día de curso, este miércoles, en el centro escolar Mercé Rodoreda de BarcelonaGianluca Battista

El crecimiento se ha producido sobre todo en el primer ciclo de infantil (niños de 0 a 3 años) y en la formación profesional de grado básico, medio y superior. “La bajada de estudiantes se está compensando hasta cierto punto por la reducción del abandono educativo temprano, que hace que ahora los alumnos estudien más y se queden más años en el centro”, afirma Miguel Pérez, presidente de la asociación de directores de institutos públicos de Extremadura, una de las comunidades que más está sufriendo la pérdida de alumnado.

Está por ver, sin embargo, si esa tendencia ascendente en el número total de estudiantes en España se mantiene este año. El curso que comienza es también el de la consolidación de la nueva ley de Educación, la Lomloe, que entró en vigor en 2021 y, en aplicación de su calendario de implantación, se extiende ahora a los niveles pares de primaria y secundaria, después de haber comenzado en los impares hace un año. La ley, de la que se ha derivado un currículo (esto es, el conjunto de los contenidos, la metodología y las formas de evaluación) más basado en competencias, y cambios de otro tipo, como el de las reglas de repetición, parecía en la cuerda floja a final del curso pasado. El resultado de los comicios autonómicos y locales de mayo, y los vaticinios de la mayor parte de las encuestas sobre los resultados de las elecciones generales parecían hacer posible incluso un escenario de paralización de la implantación de la ley. Algo que ya sucedió en 2004 con la Ley de Calidad de la Educación (Loce) diseñada por la exministra del PP Pilar del Castillo, y que ahora ha quedado descartada.

Giro a la derecha

Lo que sí es esperable, dado el vuelco en el poder autonómico producido en mayo y los anuncios realizados por los nuevos ejecutivos, es un giro conservador en la redacción de algunos contenidos, así como un mayor apoyo a las enseñanzas privadas y concertadas en buena parte de las comunidades. Los cambios deberán situarse en el contexto de la ley orgánica, que al tener un planteamiento que puede definirse como federalista, deja un amplio margen de decisión autonómico.

Hay elementos, sin embargo, que no se podrán traspasar. Incluso los ejecutivos autonómicos del PP más beligerantes desde el punto de vista ideológico con la Lomloe, como el de la Comunidad Madrid, incorporaron por ejemplo a su currículo la perspectiva de género, el estudio del feminismo, un enfoque ecologista de la sostenibilidad o la adquisición de destrezas socioafectivas, junto a los contenidos más tradicionales, porque así consta en las enseñanzas mínimas fijadas por el Gobierno. Y aquellas autonomías que intentaron subvertir el cambio establecido por el Ministerio de Educación para hacer la repetición más excepcional, se vieron obligadas a rectificar o han visto cómo su normativa era llevada a los tribunales por infracción de la normativa básica. Tampoco hay rastro, ni en los decretos autonómicos ya aprobados ni en los acuerdos para los gobiernos territoriales firmados por el PP y Vox, del veto parental (conocido también como Pin parental), más allá de alguna mención de cara a la galería y sin recorrido efectivo sobre las actividades extraescolares (que siempre han sido voluntarias para las familias).

Que la Lomloe vaya a aplicarse no significa, sin embargo, que vaya a tener un camino sencillo, como tampoco lo tuvieron las anteriores leyes educativas. Sobre todo, por el desapego, en unos casos, y el rechazo, en otros, que genera en buena parte del profesorado. Unas actitudes que proceden del hartazgo ante el continuo cambio de leyes educativas (su vida media, descontando las normas más centradas en aspectos organizativos, es de algo más de siete años), y del hecho de que para un sector de los docentes la Lomloe reduce el nivel de exigencia académica y empobrece los conocimientos impartidos en la escuela. A ello hay que sumar que la formación específica sobre los cambios y la nueva metodología competencial planteada en la ley han sido insuficientes y quedarán ahora en la mayor parte de las autonomías en manos de responsables educativos que, en general, se han mostrado hostiles hacia ellos.

A las puertas del colegio público Dionisio Ridruejo de Madrid, las maestras lamentan que la puesta en marcha de la nueva ley se está produciendo sin directrices claras sobre cómo elaborar las programaciones ni de cómo aplicarlas. “Hay que ir familiarizándose, ver lo que funciona y saberlo adaptar a las nuevas materias”, comenta una de ellas. Marta Sanz, madre de dos niñas, se muestra, por su parte, satisfecha con la nueva línea educativa por la potenciación del tema artístico. Cuenta que a la mayor de las dos, que empieza primero de la ESO, le encanta “todo lo que sea dibujar, cantar, crear o bailar”.

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