Investidura de Feijóo, en directo | Rufián (ERC) advierte de que la amnistía sin referéndum “servirá de muy poco” | España

Análisis exprés | Abascal da el abrazo del oso a Feijóo

“Yo quisiera ir mucho más allá, pero es un comienzo”. Con una frase que recordaba al final de la película Casablanca, Santiago Abascal ha instado a Alberto Núñez Feijóo a convertir el apoyo del partido ultra a su investidura en un pacto de “colaboración sin remilgos y sin complejos” entre las dos fuerzas de la derecha. Eso sí, le ha exigido que “tome distancia definitiva e inequívoca” con quienes desde dentro del PP critican a la formación con la que gobiernan en coalición en seis comunidades autónomas y más de un centenar de ayuntamientos. Y es que el líder de Vox ha aprovechado su intervención en el debate de investidura para saldar cuentas pendientes con los populares. Primero ha repetido, alegando retóricamente que no las repetiría, las descalificaciones que dirigió el PP a las dos mociones de censura que presentó su grupo en la anterior legislatura, a las que tachó de inútiles e incluso contraproducentes. Luego, ha pasado revista uno a uno a los dirigentes del PP que han criticado a Vox o han defendido el diálogo con los nacionalistas vascos y catalanes, empezando por su portavoz, Borja Sémper, auténtica bestia negra del partido ultra; y siguiendo por el vicesecretario general Esteban González Pons o el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla. “La obsesión por no depender de Vox les llevó al gravísimo error de alimentar y tolerar las campañas de demonización” de su partido, se ha quejado Abascal.

Tras recitar los agravios, el líder de Vox se ha felicitado de que Feijóo haya optado finalmente por romper “el cordón sanitario” a su partido y haya asumido incluso algunas ideas que hasta ahora defendía en solitario su formación, como la promesa de “desterrar el adoctrinamiento” de la escuela (a pesar de que en la mayoría de las autonomías la educación la gestiona el PP) o “enfrentarse a la Agenda 2030 o, al menos, a sus aspectos más lesivos” (aunque el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible sea seña de identidad de la derecha democrática). No satisfecho con eso, le ha pedido que vaya más allá y que aplique en las comunidades autónomas que el PP gobierna en solitario las medidas que ya ha aceptado en las que tiene como socio a Vox, como la derogación de las leyes de memoria histórica o la enseñanza bilingüe en castellano, que se ha impuesto en la Comunidad Valenciana o Baleares, pero no existe en Galicia, según ha subrayado. Abascal ha pedido a Feijóo que apoye la iniciativa de su grupo para proscribir las lenguas cooficiales en el Senado, donde el PP tiene mayoría absoluta y se vienen utilizando desde 2005. En su réplica, Feijóo ha intentado zafarse del abrazo del oso de Abascal, subrayando las diferencias entre ambos partidos y asegurando que el PP, a diferencia de sus socios ultras, es europeísta y cree en el Estado de las autonomías. Sin rechazar de plano la propuesta de Vox, ha anticipado que si hay alguna cámara donde esté justificado el uso de las lenguas cooficiales es precisamente el Senado. Feijóo ha tenido que hacer verdaderos encajes de bolillos para, de una parte, desmarcarse de Vox y, de otra, meter los votos de ambos partidos en el mismo saco al asegurar que las fuerzas de la derecha obtuvieron 600.000 sufragios más que los de la izquierda el 23 de julio. En su réplica, Feijóo ha aludido mucho más al anterior interviniente, el socialista Óscar Puente, y al mudo Pedro Sánchez que a su interlocutor, al que hubiera querido despachar con un agradecimiento protocolario por haberle regalado los 33 votos de sus diputados sin pedirle a cambio entrar en su hipotético Gobierno. Abascal le ha dejado claro que, aunque no ha pedido ministerios en un Gobierno que no va a existir, su apoyo a Feijóo no es gratuito: exige que acepte a Vox como socio y haga oídos sordos a los cantos de sirena de quienes le aconsejan arrinconar a Vox y comerse su electorado.