Novak Djokovic avanza a la final tras duelo inconcluso ante Carlos Alcaraz

Incluso antes de los primeros intercambios de bolas, el duelo entre Carlos Alcaraz y Novak Djokovic ya figuraba en los libros de historia de Roland-Garros, entre los grandes encuentros que hacen la sal del Grand Slam en la Porte d’Auteuil. Todos los aficionados al tenis se dieron un festín previo a una semifinal de gala, cuyo prestigio recayó tanto en sus actores, los dos mejores jugadores del mundo, como en el majestuoso escenario. ¿El partido más esperado y fantaseado de la quincena iba a convertirse en una obra maestra?

Al final, la obra esbozada por el español y el serbio, el viernes 9 de junio, en la corte de Philippe-Chatrier, antes parece un cuadro maestro inacabado. El número 1 del mundo, víctima de unos calambres en el gemelo derecho tras dos sets, no pudo evitar que su mayor se clasificara para sus 34mi Final de Grand Slam (6-3, 5-7, 6-1, 6-1). El desenlace dejó a los 15.000 espectadores aún más hambrientos porque hasta el fallo repentino del joven jefe del circuito (20 años), el partido finalmente cumplió todas sus promesas.

El primer acto fue unilateral. Cara inevitablemente cerrada, Alcaraz falla su inicio de partido, confundiendo velocidad y prisa. En condiciones de viento, que normalmente le funcionan, acumula malas decisiones, incluidos los dejadas, su lindo pecado, y los errores no forzados que lo acompañan. Una delicia para este zorro de Djokovic, que está en la cita de sus 45mi Semifinal de Grand Slam: el número 3 del mundo optimiza ángulos e impone variaciones tácticas con precisión.

Un golpe de genialidad que desafía las leyes de la gravedad

Pero el prodigio de El Palmar (Murcia) demuestra desde el comienzo del segundo acto de qué madera está hecho. Con el 1-1, a su servicio, el protegido de Juan Carlos Ferrero firma un tiro de antología, uno de los más bonitos de esta edición. Se precipita sobre una amortiguación depositada por el serbio, luego corre hacia el fondo de la cancha desatando a un transeúnte con un derechazo desesperado, de regreso a la cancha, que llega a tocar la línea.

Incluso Djokovic se inclina ante este oponente que desafía las leyes de la gravedad, cuyo golpe de genialidad recuerda un saque de banda «estilo squash» realizado en 2006 por un tal Roger Federer en este mismo escenario contra El argentino David Nalbandian. Liberado, el español acaba de encontrar su sonrisa y su golpe de derecha dominado -brilló a 184 km/h ante Stefanos Tsitsipas, en unos cuartos de final que causaron revuelo dentro y fuera de la cancha-. Los dos jugadores iban golpe a golpe, el número 3 del mundo salva los cuatro primeros puntos de quiebre, pero acaba pellizcando físicamente (5-7). Una manga por todas partes.

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