Una remontada categórica del Barcelona | Fútbol | Deportes

Una remontada categórica del Barcelona | Fútbol | Deportes

Hay remontadas que saben mejor que las goleadas, sobre todo cuando el partido se da por imposible, perdido como estaba el Barça con un marcador elocuente en el minuto 80: 0-2. Los azulgrana levantaron el encuentro en un abrir y cerrar de ojos, tan desbocados como finos en el tramo final, después de un largo rato de impotencia, tiempo de sobra para renegar del fútbol del Barça, ninguneado de forma asombrosamente sencilla por el Celta.

La amplitud y calidad de la plantilla, y especialmente los cambios de Xavi, redimieron al equipo y chafaron el buen plan de Benítez. Los barcelonistas, exuberantes con el marcador a favor, supieron ser resolutivos también contra corriente, ante la adversidad y la dificultad, muy exigidos por el Celta.

Los recursos azulgrana son muy superiores a los del equipo de Vigo. La acumulación de talento decidió el choque desde el arrebato y la locura, también desde el talento, más que a partir de la racionalidad en una tarde de fiesta mayor en Barcelona. Nadie mejor que João Cancelo para expresar el desconcierto y el acierto azulgrana: el portugués firmó la asistencia del 2-2 y el tanto de la victoria después de una actuación calamitosa, peor que la de João Félix, quien evocó al jugador que fue en el Atlético hasta el 1-2.

Los portugueses formaron ante el Celta, como si el éxito se explicara a partir de su fichaje, mientras descansaban Balde y Gavi —los cuatro centrocampistas se turnan en ausencia de Pedri—. La alineación fue anecdótica porque Xavi necesitó de toda la plantilla en Montjuïc. Los azulgrana atacaron mal durante mucho tiempo y consecuentemente defendieron peor, retratados nada más comenzar la contienda en dos jugadas: Ter Stegen sacó el remate de Iago Aspas y por el contrario no pudo alcanzar el tiro cruzado de Larsen. El delantero estuvo muy preciso para culminar la asistencia de De la Torre después de un córner que retrató el absentismo de la zaga azulgrana, abatida por vez primera desde su llegada a Montjuïc, tan inestable como cuando recibió al Betis antes del 5-0. Las nítidas llegadas del Celta contrastaban con la barroca ofensiva del Barcelona. Los azulgrana no sabían enfrentar una línea de cinco defensas: 5-3-2.

Lesión de De Jong

El Barça no encontraba líneas de pase por dentro ni llegaba por fuera y en contrapartida concedía fáciles transiciones, lastrado además por la lesión de De Jong. De la Torre perdonó el segundo tanto y Oriol Romeu bloqueó dos tiros de gol ante la impaciencia de Xavi. Los barcelonistas sangraban por los costados, no controlaban la divisoria y apenas alcanzaban el área. El Celta atacaba y defendía mejor que el Barça.

No sabían cómo jugar los azulgrana, demasiado chatos frente al área contraria y vulnerables en la propia cada vez que perdían la pelota, faltos de profundidad y velocidad, incapaces de encontrar espacios para alimentar a Lewandowski. La situación exigía un cambio drástico y Xavi cambió el perfil del equipo: apareció Araujo para cerrar con tres centrales mientras Lamine Yamal y Ferran abrían la cancha para exigir a la zaga del Celta. El partido, sin embargo, no paraba de girar a favor del Celta. Bamba y Aspas intervenían más que Yamal. No había quien ligara el fútbol en el Barça.

El plan era que los jugadores se batieran de manera descamisada, como la victoria fuera una cuestión de bravura y no de juego, incrédulos como se sentían los azulgrana por la derrota cuando se habían visto invencibles en Montjuïc. No aparecía João Félix mientras Cancelo apenas tenía presencia en campo del Celta. A pecho descubierto, Ferran falló un mano a mano con Iván Villar y Ter Stegen continuó reduciendo los chuts del Celta. Xavi, mientras, no paró de cambiar jugadores para generar ocasiones.

El atropello azulgrana provocó de entrada un intercambio de goles: Douvikas culminó un contragolpe armado a partir de un córner en contra, señal de lo expuesto y precipitado que estaba el Barça, y Lewandowski acertó por fin a puntear un centro de João Félix. La conexión del portugués con el polaco despabiló al Barça. Nadie se fue del campo porque se presentía la remontada consumada a partir de la calidad de Cancelo y del intervencionismo de Raphinha. Nueve minutos alcanzaron para el 3-2. Montjuïc estalló de júbilo por la fe, el riesgo y el carácter del Barça que se negó a perder después de tanto elogio recibido por sus dos últimos 5-0. La épica no está reñida con la belleza.

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