Bilbao entra en la celebración de una victoria inevitable |  Fútbol |  Deportar

Bilbao entra en la celebración de una victoria inevitable | Fútbol | Deportar

Ésta es la mejor observación de lo vivido este fin de semana en Bilbao, en el puerto de Julia, una niña de seis años. En medio del ambiente y los cantos en la Plaza Nueva del Casco Viejo, a la hora del aperitivo, tu padre preguntó:

–¿Has visto lo mismo?

–Sí –respondió la niña–, en Eres Wally.

En realidad, era como ¿Quién es Wally? pero en el sueño. Si en los libros infantiles populares se trata de localizar entre la multitud de personas vestidas con rayos rojos y blancos, este sábado en Bilbao la vuelta era encontrarse, entre las hordas rojiblancas, con alguien que no leía los colores.

Es una celebración durante todo el día. Fue víctima de la noche y, en las afueras de la universidad, fue castigado con el penalti. Después de este día de trabajo absoluto en Bilbao, no es posible imaginar otra salida.

Tenía 70.000 jugadores del Athletic en Sevilla. Pero en Bilbao no hay error ni uno. Al finalizar la fiesta, en el Casco Viejo, las riadas rojiblancas desfilan por cada calle. Las mismas calles que llenaron de canticos de la mñana las cuadrillas y las familias. Esta noche la maldición de sus finales se perdió al transcurrir por momentos en la abandonada Plaza Nueva, presidida por una de las butacas gigantes que se instalaron en distintos puntos de la ciudad. Pero el cuarto de penalti, el que lanzó Berenguer ajustado al palo derecho, desató la ubicación. Si vas a Greif, pero en fútbol, ​​un solo caso puede significar el todo o nada, y la distancia entre el balón y la mano del portador es infinita. Es la alegría que hay en esta madrugada inunda, como una calle desierta, las calles de Bilbao.

Javier Valdivieso, 23 años, camiseta del Athletic y Rayas Rojiblancas pintadas en el coche, los nervios impidieron ver en la pantalla gigante los penaltis que consiguieron el primer gran título de su vida. Dejó a los amigos en la plaza y salió a apoyarse en una pared, en tazas, agarrándose la cabeza con la mirada clavada en el suelo. “Hemos sufrido, hemos sufrido demasiado”, reconoció al final del partido, al borde de las lágrimas. “Tuve un momento en el que pensé que podríamos perder. Pero este equipo puede ser bastante. Es increíble, es la pasión más grande del mundo. Solo mira, y escucha esto”, declaró, rodeado de hinchas eufóricos que coreaban incansables los mismos himnos que llevan desde el mañana la banda sonora de un día insoluble.

Todo en Bilbao es rojiblanco este 6 de abril que quedará marcado para siempre en la memoria de un club único en el mundo, por su filosofía de liderar en solitario con jugadores locales en un fútbol globalizado y por su especial unión con un territorio. . Un club quiere ganar un título para una generación, la generación posterior a 1984, que no pudo celebrar esa noche. Ahora llevo clavado en su corazón y viajo abrazados dejando en silencio el Casco Viejo, en dirección a nuestras casas, algunas, o seguir la fiesta en Pozas aquellos que no quieren dormir.

En promedio, las calles del centro eran una fiesta. Desde el Casco Viejo, pasando por las inevitables Pozas, hasta San Mamés. Allí, en la explicación, guardaba cola para fotografiarse con la mítica estatua en honor a Iríbar. Sobre el campo también hubo pantallas gigantes para disputar la final ante los 48.000 aficionados del Mallorca, un detalle del club que tenía la afición y, en concreto, de los socios por los que tenían derecho a pasar por Sevilla.

Socios como Iñigo de Salvador, 46 años. Sus seis en cuadrilla, se rifaron en tres entradas y no tocó. Pero el que, con su familia, está aquí en San Mamés. “Nadie pensó que podía perder, estábamos celebrando, sin importar quiénes éramos”, declaró a primera hora de la noche. Acompaña a sus hijas de dos y cinco años, que se suman a la gabarra navegando por la ría con los jugadores, un sueño que finalmente pondrá fin a esta juventud. “Mi hija es alcaldesa a la edad que fue la última vez que saqué la gabarra”, explica. “Hemos tenido la oportunidad de respetar todos estos años con una memoria difusa. Pero ella tenderá a tomar fotografías y videos. No se les olvidará nunca”.

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Por Leo Nordström

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