un paso hacia la protección de niñas y adolescentes

un paso hacia la protección de niñas y adolescentes

Este miércoles, el Congreso colombiano aprobó una ley que prohíbe el matrimonio de menores en todo el territorio del país. La norma, que busca garantizar los derechos y el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, será enviada al presidente Gustavo Petrov para su aprobación final, según informó el Senado en un comunicado oficial. Con esta aprobación, Colombia se suma al esfuerzo internacional para erradicar la práctica, que afecta la vida y oportunidades de millones de menores en todo el mundo.

La nueva legislación estipula que en Colombia estarán prohibidos los matrimonios y uniones en los que al menos uno de los contrayentes sea menor de 18 años. Además, la ley prevé la creación de un programa nacional destinado a apoyar los proyectos de vida de niños y jóvenes, como se detalla en el resumen de la propuesta publicado en el sitio web oficial de la Cámara de Diputados. Este programa buscaría garantizar el acceso de los menores a la educación, la atención médica y otras oportunidades básicas para su desarrollo.

El proyecto de ley, presentado en 2023, fue impulsado por un grupo de legisladores entre los que se encontraban Karen López Salazar, Jennifer Pedraza Sandoval, Alexandra Vásquez Ochoa, John Jairo González Agudelo, María Fernanda Carrascal Rojas y Juan Carlos Vargas Soler. Tras la aprobación inicial en la Cámara de Representantes, el proyecto llegó al Senado, donde obtuvo el apoyo necesario para convertirse en ley este miércoles. Esta medida representa un avance importante en la protección de los derechos de los menores en Colombia y responde a un tema ampliamente discutido en el país y en el mundo.

El lema de la campaña que promovió la aprobación de esta ley fue «Son niñas, no esposas», frase que resume el principal objetivo de la iniciativa: evitar que las niñas sean obligadas a contraer matrimonio, sometidas a diversas formas de violencia y limitando su acceso a la educación y al pleno desarrollo. Durante el debate, la senadora Clara López Obregón, integrante de la coalición de gobierno Pacto Histórico, enfatizó el carácter transformador de la medida. «Estamos avanzando civilizacionalmente porque las niñas no son objetos sexuales, son seres humanos en formación, y esta prohibición es un mandato general que busca protegerlas», dijo López Obregón, citado en un comunicado del Senado.

Jennifer Pedraza Sandoval, una de las principales autoras del proyecto, también celebró la aprobación de la ley. A través de su cuenta, su mensaje reflejó el espíritu de la campaña, que busca lograr que las niñas puedan disfrutar de esta etapa de la vida sin verse obligadas a asumir las responsabilidades de la edad adulta.

El matrimonio infantil es una práctica que continúa afectando a millones de menores en todo el mundo, especialmente a las niñas, y ha sido identificado como un obstáculo importante para el desarrollo global. Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), esta práctica expone a las niñas a riesgos importantes como la violencia de género, el embarazo precoz y la exclusión educativa y económica. Además, UNICEF advierte que el matrimonio infantil perpetúa ciclos de pobreza y desigualdad que afectan a las niñas y sus comunidades.

A nivel internacional, uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es erradicar el matrimonio infantil para 2030. Este objetivo subraya la importancia de garantizar que todos los menores tengan una infancia protegida y libre de prácticas que limiten su desarrollo. . Con la aprobación de esta ley, Colombia ha avanzado en alinear sus políticas nacionales con estos objetivos globales y está enviando una señal clara de su compromiso con la protección de los derechos de las niñas y adolescentes.

Si bien la medida ha sido ampliamente celebrada, también ha suscitado una reflexión sobre los desafíos que enfrenta su implementación. Para que una prohibición del matrimonio infantil sea efectiva, será necesario abordar las causas estructurales que perpetúan la práctica, como la pobreza, la falta de acceso a la educación y las normas culturales que normalizan el matrimonio precoz. En este sentido, el programa nacional contemplado en la ley podría jugar un papel clave si recibe los recursos necesarios para implementarlo y llegar a las comunidades más vulnerables del país.

La aprobación de esta ley también refleja un cambio en la percepción social del matrimonio infantil en Colombia. Aunque la práctica era más común en el pasado, especialmente en zonas rurales y comunidades marginadas, la defensa de los derechos de las niñas y adolescentes ha llevado a un creciente consenso sobre la necesidad de protegerlas de uniones prematuras que pueden afectar su futuro. Esta transformación cultural ha sido impulsada por el trabajo de organizaciones comunitarias, legisladores comprometidos y campañas de concientización que han colocado este tema en el centro del debate público.

En el futuro, la implementación de esta ley requerirá del esfuerzo conjunto del gobierno, instituciones educativas, organizaciones sociales y comunidades locales. Será fundamental garantizar que las niñas y sus familias conozcan sus derechos y tengan acceso a los recursos que les permitan construir un futuro lleno de oportunidades. Esto incluirá no sólo prohibir el matrimonio infantil, sino también apoyar políticas integrales que aborden las desigualdades y ofrezcan alternativas concretas para el desarrollo de los menores.

En definitiva, la prohibición del matrimonio infantil en Colombia representa un paso importante para proteger los derechos de los niños y adolescentes. Más allá de las cifras y las obligaciones legales, esta medida tiene el potencial de cambiar vidas y garantizar que las niñas puedan crecer en un entorno seguro, recibir una educación de calidad y alcanzar su máximo potencial. Aunque aún queda mucho por hacer para abordar las causas profundas de este problema, la aprobación de esta ley envía un mensaje claro: en Colombia, las niñas son niñas, no esposas.

Por Leo Nordström

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